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Sed de Puta

 

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Recuerdo que yo estaba en la oficina cuando me llamó y me propuso encontrarnos en un punto determinado yendo cada uno en su coche. Ese día se sentía muy puta y deseaba ser follada como tal.
Vestía con ropa accesible, lista para ser usada sin necesidad de desnudarla, su sexo libre y dispuesto para ser tomado en cualquier momento. Sin que nada me dijese sabía que ese día quería que reventara su sexo, en contra de sus habituales deseos anales. Me miró masturbándose, mostrándose todo lo puta que se sentía en ese momento, provocando ser follada allí mismo sin importarle los riesgos de ser vista, o mejor aún, creo que deseaba ese riesgo.
Cuando la coloque sobre el capot del coche abierta de piernas, su mirada era desafiante. La penetré salvajemente mientras aullaba como una zorra, y no dejaba de provocarme con su mirada y sus expresiones, quería más, quería ser reventada, quería saciar su sed de puta lo más salvajemente posible.
Mientras nos corríamos un coche pasaba cerca, me miró y me dijo que era el mejor polvo que había echado. Ya no tenía cara de puta, ahora tenía cara de niña mala.

La mujer de rojo

 

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Lo recuerdo como si fuese hoy. Fué por estas fechas. Nos habiamos visto sólo un par de veces, un par de copas juntos. Existia no obstante una especie de atracción faltal o deseo brutal. Quedamos para vernos en su casa, me propuso jugar.
La puerta estaba entreabierta, casí no había luz y en la penumbra se distinguía su cuerpo sobre unos tacones rojos, cubierto sólo por un tanga y un suje del mismo color. Casi no hubo diálogo, nuestros cuerpos sabían lo que buscaban, al abrazarla pude percibir como palpitaba, el corazón se le salía por los poros. Follamos como animales en celo una y otra vez, parecía que hubiesemos follado siempre juntos, y como si nuestros cuerpos no tuviesen nunca suficiente. Sólo nuestros cuerpos, el deseo y una copa de vino. El vino predispone al sexo , comentó.
Cuando nuestros cuerpos quedaron exhaustos y tendidos sobre la cama, me dijo que mientras esperaba con la puerta entreabierta, sintío un morbo y un nerviosismo tremendo, que no había sentido nunca. La miré y sonreí. Como piensas que venía yo?.
Nunca más volvía a verla con aquel conjunto rojo.

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